Incendio que venía de a poco tomando cada milímetro, hoy es hectárea arrasada, no hay vuelta atrás. Intenté, sostuve, fue inútil interceder.
La frontera de la que tanto estaba huyendo me apareció de frente. Cuántos límites.
Si se vuelve así de diminuto el rango para caer en el desastre, qué sentido tiene cualquier atisbo de cordura.
No olvidemos que la paz sigue intacta, no me atrevería a perturbarla, esa nunca será la intención.
Pero hay fenómenos aparentemente naturales que exceden lo esperable.
Hay mediciones que se vienen tomando hace tiempo y que pueden presentar variable irregulares.
En este momento estamos escalando la curva más extrema.
Respiro y anhelo, huracán.
Cierro los ojos, sigue ahí.
Me falla la vista, se inflama, debo cerrarlos un poco más. No se va.
Los demás sentidos, sin embargo, no se exasperan.
No levantan sospecha.