En la ida y venida se forma un surco,
cuyo rumbo jamás varía ni se derrite,
ni se altera, bajo el constante sol
el asfalto que quema calzados,
que derrite suelas, no puede alterar
la consciencia de la madre que va y que viene.
No hay sombra que apacigue ni lluvia que impida,
la constancia y la obstinación de esa cabeza que
sin cubrirse y sin hidratarse reitera su camino.
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