La habitación recupera su sepia, atardecer sucede y en mi encorvada soledad me abstengo de decir, sólo me dedico a leer. En la otra habitación sucede otro atardecer, eclipsan los estados de ánimo y una furia se traduce al formato risa, la carcajada violenta aplaude los decires de un hombre atroz. Mi reprobación a la escena deberá permanecer oculta, para siempre quizás.
lunes, 11 de noviembre de 2019
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