Dentro del nido antiguo y reseco que yace en el árbol a la altura de tu frente, vacío.
Sobre el camino que agreste se opone a la máquina.
Sobre el camino que agreste se opone a la máquina.
Más allá de esos últimos dos kilómetros que no llegaste a transitar.
Tras la intención de agudizar la vista hasta forzar los lagrimales, solo para alcanzar las plumas furtivas que a contraluz disimulan sus colores y banalizan tu esfuerzo.
Desde allí te aguarda, Mater Terra.

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