domingo, 3 de septiembre de 2023

Querido diario

 Querido diario retro, dosmilero, vengo a vos a soltar sin pensar palabras ni estructuras, uno por unos estos engañosos conceptos de cosas sueltas cuyo único hilo conductor es el fluir de la consciencia. Claramente mentiría si no reconociera que detrás de todo el texto hay una intención estética pero lo cierto es que al no cumplirse a simple vista ni prometerse de manera explícita no le estoy faltando la palabra a nadie. Este es un ejercicio que tiene historial extenso en mis ganas de tipear y soltar una angustia subterránea provocada por la inseguridad que me genera el desinterés y la incomunicación de quienes deberían fingir quererme pero tienen otras preocupaciones. Respiro. No me interesa otra cosa más allá que mi plena comodidad en un mundo lleno de personas a las que solo les interesa su plena comodidad. A veces no hay nada que hacer, más que mirar cómo los dedos buscan la tecla indicada y cada tanto te meten un undo, un backspace, un control zeta. 

Tenía ganas también de hacer un segundo párrafo contando a modo de cierre del año cómo ha sido este escabroso dosmilveintitrés. Pero el problema se presenta ya desde el momento en el que decido escribir el número con palabras y recuerdo lo mucho que siempre me costó transformar el número en una estructura sintáctica o nominal, o como se diga. Y me disperso y evado todo lo que tenía para contar. Es una verdadera lástima  no haber podido realizar este segundo párrafo.

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